El franquismo íntimo

Marta Torres

Publicado el 15 de marzo de 2015; caduca en -555 días

Tengo entre las imágenes más terroríficas que ha dado el cine hecho en pleno franquismo el plano aéreo de una boda cuyos integrantes desfilan como una gigantesca tarántula sobre la arena de Sitges. La película, Vivan los novios de Carlos Berlanga, no es precisamente un filme de terror y quizá por eso este plano inesperado es capaz de despertar en mi los ecos de un tiempo mucho más oscuro de lo que parece. Una época en que la dictadura podía interpretarse como un monstruo de represiones y culpas colectivas. Excepto honrosas excepciones, pocos cineastas ahondaron entonces en la veta de puro horror del franquismo. Buñuel regresó a España de su exilio en México para rodar Viridiana, un cuento gótico de culpa y sexo que escandalizó al Vaticano y se censuró en España, aunque tiene más que ver con la pacata moral burguesa que con la situación que vivía el país. Distinto es el caso de El Extraño viaje (1964) de Fernando Fernán Gómez (1964), un filme que retrata una España esperpéntica y moralmente quebrada con un tono fantástico que aprovecha los claroscuros y los efectismos del cine de género. Pero la película que nos acerca más al objeto de este estudio es Una vela para el Diablo (1973) de Eugenio Martín, un tour de force a la manera de un giallo sobre la represión sexual de la época en forma de dos hermanas puritanas que regentan una pensión para turistas. Eugenio crea un escenario ideal donde una España pueda morir apalizada por la otra.

Musarañas podría leerse como una reinterpretación del film de Eugenio Martín bajo los parámetros estéticos de Alex de la Iglesia, aunque en esta película es solamente el productor y su huella está algo atenuada. La pobredumbre moral del franquismo y sus posibilidades gore ya habían sido explotadas por el cineasta bilbaíno en filmes como Balada triste de trompeta, una película que es capaz de hibridar la tradición de horror del cine estadounidense de los años 30 (La parada de los Monstruos), con el costumbrismo español (Los santos inocentes) y símbolos del horror franquista como El valle de los caídos. En Musarañas el enfoque es algo más femenino e intimista y quizá se deba a que la idea original proviene de Emma Tusell, una montadora de cine con ocasionales escarceos con la dirección (La habitación de Elias) y el proyecto es de dos directores debutantes en el largometraje, Juanfer Andrés y Esteban Roel, profesores ambos del Instituto del Cine de Madrid. En todo caso, después de muchos años de dar vueltas, el guion llegó a manos de Alex de La Iglesia que decidió producir la película hasta el punto que el resultado final parece una versión algo más clásica y depurada de su cine.

El piso antiguo y de techos altos en el que viven, metáfora de una vida de represiones casi freudianas, acabará por mostrar grietas y puertas hacia un pasado cuidadosamente enterrado

A grandes rasgos, Musarañas cuenta la historia de dos hermanas huérfanas que viven en una ciudad española de los años 50. Mientras la hermana pequeña (Nadia de Santiago) trabaja y se relaciona con el mundo exterior, la hermana mayor (Macarena Gómez) se debate en un piso del qual no puede salir, refugio y prisión a partes iguales. El detonante de la tragedia es la aparición de un joven atractivo a quien deben esconder en su piso y de quien ambas se enamoran. Como en Una vela para el diablo, el deseo sexual dinamitará los cimientos de la ilusión en la que habitan. El piso antiguo y de techos altos en el que viven, metáfora de una vida de represiones casi freudianas, acabará por mostrar grietas y puertas hacia un pasado cuidadosamente enterrado, que se distribuye a través del hogar con una geometría casi infinita. Mientras la hermana mayor recuerda la habitación donde murió su madre, una alcoba luminosa que nada tiene que ver con la distribución real del piso, la hermana pequeña rememora las lecturas nocturnas de una Biblia que le provocaba pesadillas. De la misma manera, recuerdos y sombras del pasado iran excavando en la casa profundas galerías de regusto casi fantástico.

En la casa de Musarañas hay tantas puertas como recuerdos reprimidos. La intimidad del hogar es un lugar de horror. Pero también lo es de alegre reconocimiento del horror. A pesar de estar retratando una pesadilla, el tono de la película escapa a menudo hacia el humor esperpéntico. Macanera Gómez encarna eficazmente a un ser exageradamente torturado, el personaje más cercano al mundo de Alex de La Iglesia, mientras que su hermana es la parte que aún conserva una cierta percepción de la realidad. Entre ambas construyen una criatura bicéfala atrapada entre el pasado y el futuro. Volviendo a la metáfora del inicio, la película nos muestra la guarida donde aguarda la araña para cazar.

En la casa de Musarañas hay tantas puertas como recuerdos reprimidos. La intimidad del hogar es un lugar de horror. Twitealo!

Marta Torres

Periodista en medios escritos y radiofónicos, especializada en antropología urbana, ciencia, tecnología y cine. Fundadora de Bdebarna, una web que reúne a exploradores de la ciudad de Barcelona y que lleva recopiladas más de 2.300 historias sobre la ciudad. Colaboradora en Judexfanzine.net.