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FICHA TÈCNICA

La viuda

Greta

director:

neil jordan

año:

2018

nacionalidad:

irlanda, estados unidos

productores:

estreno en España:

24 de mayo de 2019

98 minutos

Manhattan de luces y sombras



Uno de los puntos fuertes del cine de Neil Jordan es su olfato para mostrarnos modelos alternativos de relaciones humanas, filiales, eróticas o de simple dependencia emocional. Es decir, subyace en su obra un sesgo de cine vampírico que muta según la conveniencia y el género abordado. La provocación que suscitan esos modelos de relación subyugantes y tortuosos ya eran común denominador en su obra maestra Juego de lágrimas (The Crying Game, 1992) y tomaron especial relevancia en sus filmes vampíricos, Entrevista con el vampiro (Interview with the Vampire, 1994) y muy especialmente Bizantyum (2013), donde una falsa madre de las tinieblas procura construir un mundo a la medida de las necesidades de su hija de adopción monstruosa y eterna. Los personajes en los márgenes de lo establecido son su fuerte, así se da en la fallida La extraña que hay en ti (The Brave One, 2007), en la espléndida Desayuno en Plutón (Breakfast on Pluto, 2005), incluso a través del retrato fascinante del psicópata de Dento de mis sueños (In Dreams, 1999), un filme a reivindicar pese a las malas críticas cosechadas en su día.

Lluís Rueda | El director de En compañía de lobos regresa en esta ocasión con un filme desinhibido e intrascendente con pautas de psycho-thriller y trazo de comedia negra. Una propuesta que se asemeja a películas como Durmiendo con su enemigo (Sleeping with the Enemy, 1991), De repente un extraño (Pacific Heights, 1990) o la más reciente El regalo (The Gift, 2015), pero cuyas derivas de grotesca autoparodia podrían ponernos en el sendero desternillante de la ácida Secuestrando a la Srta. Tingle (Teaching Mrs. Tingle, 1990) o un filme espléndido y negrísimo que resulta mucho más equilibrado en intenciones que La viuda, me refiero a Stuck (2017) de Stuart Gordon, en la que por cierto también aparece el actor fetiche de Jordan, Stephen Rea (Juego de lágrimas, Entrevista con el vampiro, La viuda).

La viuda plantea algo sencillo y a su vez cargado de posibilidades. La joven Frances, interpretada por la efectiva y cándida Chloë Grace Moretz, ha perdido a su madre recientemente y de manera casual conoce a una viuda solitaria de nombre Greta; la joven halla un bolso extraviado de la desconocida y decide devolvérselo en persona acercándose a su humilde casa de Manhattan, una vivienda austera, que asoma en un callejón solitario como si se tratase de la casa de un bruja. Solitaria y desesperada resulta a la sazón esta mujer interpretada magistralmente por Isabelle Huppert, una dama de perfil amable que se encariña con la joven hasta el punto del acoso y la intimidación. Bien, como apuntaba arriba estamos en el territorio del vampirismo emocional, en este caso centrando la crítica en la problemática de la gente madura que vive entre sombras, olvidada por la sociedad y que, aún valiéndose por sí mismas, han sido repudiadas por la familia y las amistades. Es en la fórmula Jordan, este problema de socialización, la génesis de un instinto depredador de inquietantes consecuencias y eso es todo un acierto.

El filme destaca por elementos aislados y se descarga de trascendentalidad a través de personajes de bis cómica como la compañera de piso de Frances, la refrescante Erica, interpretada por Maika Monroe (It Follows). Y ahí es donde se encuentra el problema, en ese equilibrio entre el distanciamiento gamberro que procura el filme, casi de puro divertimento, y en lo que deja a entrever de oscuro, telúrico y metafóricamente perturbador. La película arranca poderosa y con convicción, y la evolución del personaje de Greta acompañado por el infinito talento de Isabelle Huppert nos hace pensar que Neil Jordan tiene la ocasión perfecta para conectar su modelo con la modernidad, para trazar un camino inquietante que le lleve de Entrevista con el vampiro a Bizantyum y de ahí a La viuda. Pero tal cosa resulta un espejismo, una pasajera sensación. El desarrollo del filme se empantana en lugares comunes, en secuencias torticeras como la pesadilla, recurso que recupera el cine de horror moderno por pura impostura y sin aportar nada relevante.

La ejecución de La viuda es formularia, poco atractiva y sin una atmósfera cómplice. Entiendo que sin ser un filme del que debamos abominar, pues como entretenida sesión con un guiño al cine más desenfadado de los 90 nos hace pasar un carrusel de emociones, algunos vimos una oportunidad perdida. Por suerte nos queda Huppert. Huppert en estado de gracia y superlativa, grande y vampírica, una bruja en pleno Manhattan que espera a su víctima clavada en medio de una calle concurrida sin pestañear durante horas (qué magnífica secuencia de suspense). No caben más comparativas, habrán otros Neil Jordan que nos llevarán de nuevo de la mano a la casa de la bruja, a buen seguro; de momento le dejamos respirar y que apure su cócktail en el Manhattan de las luces y las sombras.


Artículo publicado el 23 de mayo de 2019

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