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FICHA TÈCNICA

Ad Astra

Ad Astra

director:

James Gray

año:

2019

nacionalidad:

Ee.uu., China, Brasil

productores:

Mark Butan, Dede Gardner, James Gray, Brad Pitt...,

estreno en España:

20 de septiembre de 2019

122 minutos

Devoradores de mundos

El cine a menudo se ha interrogado sobre donde acaba nuestra percepción del mundo real y comienza el mundo inventado y soñado. El viaje como interrogante de la propia existencia nos acompaña desde los clásicos hasta nuestros días. Acaso un cineasta de como James Gray era el mejor indicado para situarnos justo en ese tipo de conjertura a través del poder de la imagen.

Lluís Rueda | El llamado a renovar el cine de corte clásico y género negro a través de dos filmes como Cuestión de sangre (Little Odessa, 1994) y La noche es nuestra (We Own the Night, 2007) se ha revelado ya desde sus primeros proyectos como un inspirado e indispensable analista del ser humano y sus contradicciones y, en cierto modo, resulta casi natural su instinto para superar ciertos lugares comunes freudianos. En la excepcional Two Lovers (2008) ya trataba la delgada línea moral de la familia a través de la doble figura del hermano como modelo de doppelgänger y su estudio se prolongaba en la muy poco valorada Z, la ciudad perdida (The Lost City of Z, 2016), el retrato de un visionario explorador abandonado a su suerte en el universo verde y expansivo de la Amazonia. Deseos y frustraciones que ensombrecen el estamento familiar, incluso lo repudian, para abarcar a través de la experiencia fílmica ese intangible que nos convierte en individuos que luchan contra la idea del superhombre a conciencia de su propia vulnerabilidad y mortalidad.

Esta última propuesta utilizaba el género de aventuras para mostrarnos, en todo su esplendor, la pulsión suicida de un caminante irreductible, Percy Fawcett (Charlie Hunnam), en busca de un paraíso perdido. Ad Astra no solo no se sale ni un milímetro de esa idea, sino que la amplia a través del género perfecto para condensar los estadios anímicos con la paleta de color del propio universo y sus límites: la ciencia ficción. La premisa es sencilla y si se me permite, aventuresca: Clifford McBride (Tommy Lee Jones) desapareció hace veinte años cuando viajaba a Neptu­no buscando vida extraterrestre y su hijo Roy (Brad Pitt), un ya maduro astronauta, tiene ante sí la oportunidad de aclarar las circunstancias en una misión secreta del gobierno. El detonante es una tormenta solar con origen en el punto y la coordenada en que Clifford McBride desapareció en falso (es decir, oficialmente) para ser recordado como un héroe. Este personaje es una suerte de coronel Kurtz, a la manera de Marlon Brando en Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), y la busqueda por parte de su hijo originará una odisea que le llevará de la Tierra a la Luna, de esta a Marte y del planeta rojo a Neptuno. Pero si Clifford es el solitario lobo escondido en su dictadura artificial y egoísta, Roy es el héroe conradiano por naturaleza, taciturno y melancólico, incansable e irreductible. El héroe complejo con un objetivo y una obsesión: destruir al padre. Es tan hermoso y vibrante el filme de James Gray que permite leer en su simpleza el calado metafísico y espiritual de una novela como Moby Dick de Herman Melville y el arrollador camino al infierno de la obra que realmente reinterpreta sin tapujos: El corazón de las tinieblas del citado Joseph Conrad.

El filme de Gray es un el relato de una obsesión, la búsqueda de vida inteligente y la renuncia explícita a toda humanidad. Un mal atávico que sufre Clifford McBride y que se expande como un virus también a su hijo, una suerte de melancolía abstracta que le impide relacionarse de un modo normal. Es, a la sazón, Ad Astra, un preámbulo fracasado de Solaris en el la que la vida inteligente, a través de una presencia o un planeta, es racionalmente imposible. En Ad Astra lo maravilloso es la mecánica, el viaje, la inventiva humana como juguete insustancial. Recordemos que el filme se sitúa en un futuro especulativo en el que la Luna ya ha sido parcialmente poblada para convertirse en una suerte de Las Vegas o gran casino interestelar. Una Luna, por cierto, cuya cara oculta es en esencia un lugar fronterizo lleno de delincuentes y bandidos. No en vano, la película sitúa en ese lugar una escena de acción con vehículos lunares que hace de la ingravedad un recurso realmente fascinante. James Gray procura siempre tiros de cámara nada acomodaticios y de bella estética; es así, por ejemplo, cuando las viseras de los astronautas que viajan en la nave Cephalus (mitológico nombre de un cazador que no pasa inadvertido), son un espejo en el que el espectador advierte todo aquello que queda fuera de plano o un portal extraño en el que el suspense de las escenas se multiplica.

Estamos ante una de las mejores películas de ciencia ficción metafísica en tiempo, probablemente a la altura de la muy poderosa Interestellar (Christopher Nolan, 2014). Decir que tiene ecos a 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) es en términos cinematográficos casi reiterativo; entiendo que como cinta posmoderna sobre el espacio, al igual que un buen número de las cintas relevantes de las últimas décadas sobre vida inteligente más allá de los límites conocidos por el hombre, bebe de una manera u otra de la obra maestra de Stanley Kubrick. La frescura de Ad Astra reside en su condición formal, es realmente bella, y en ese toque crepuscular que la convierte en una suerte de wéstern fronterizo de ilimitados niveles, pero con una idea del viaje que busca paralelismos con la literatura de los viejos pioneros o navegantes al asalto de territorios donde expandirse, amén del ya citado e indisimulado poso conradiano. Ad Astra es una película que lleva las constantes maravillosas de Z, la ciudad perdida a otras cotas. Un espléndido filme que retrata de manera compleja esos “devoradores de mundos” siempre a la búsqueda de un dios, de la certeza de que no todo acaba en la muerte y de que las estrellas son puertas a otra condición. El cine sabe mucho de eso, y James Gray es consciente de ello.


Artículo publicado el 21 de septiembre de 2019

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