boto

críticas

FICHA TÈCNICA

El lago del ganso salvaje

Nan Fang Che Zhan De Ju Hui

director:

Diao Yinan

año:

2019

nacionalidad:

China / Francia

productores:

estreno en España:

24 de enero de 2020

110 minutos

Un nido insondable de puro cine

Un antihéroe perseguido en una vendetta puramente noir es en nuestro imaginario estético un sujeto trajeado, fiel a un revólver y firme ante un destino desatado hacia lo funesto. Un tipo que busca aliados en cada calleja incógnita y seguramente erra fatalmente confiando en una mujer con intereses cruzados. Eso es lo que uno a priori esperaría aplicando un marco mental transversal a todo tipo de cinematografías, desde el polar francés al cine negro americano, pasando por el thriller de acción hongkonés, etc. Sin embargo, Zenong Zhou (Ge Hu), el delincuente con carisma pero poco más que común, que protagoniza El lago del ganso salvaje no es más que un pobre hombre engullido por un torbellino de acontecimientos violentos derivados de los trapicheos y las vendettas de los bajos fondos de una China sin glamur, grasienta, laberíntica, tupida de persianas, almacenes, tuberías y antros. ¿Es esto lo que entendemos por neonoir, una recalificación estética que nos sacude con certeras dosis de rudo realismo? Probablemente, y es por ello que el segundo filme de Dion Yinan (Black Coal) se erige en su máximo exponente hasta la fecha y en probablemente unos de los mejores cinco filmes de 2019. Su equilibrio entre lo formal y lo novedoso, su pavorosa fotografía, planificación y sus personajes extraordinariamente hipnóticos, procuran que el espectador no se distancie en momento alguno de una tradición genérica en la que se siente cómodo. Podemos leer este filme de neones y lluvia, vanguardia, deliciosa antipoesía y mugrienta visceralidad, como la sugerente antítesis formal de un Nicolas Winding Refn (especialmente el de Drive y Only God Forgives).

Lluís Rueda | Su planteamiento es sencillo y arquetípico, el líder de una banda criminal en busca de la redención conoce a una prostituta interpretada por Lun-Mei Kwei que lucha por recuperar su libertad y se debate entre la supervivencia, la traición y el romance sugerido, apuntado. Por el camino toda suerte de bandas, confidentes y una policía que se confunde con todos ellos y se nos presenta como una torpe banda de quinquis con bambas de luces que se concentran en una feria con música electrónica para pasar "desapercibidos" entre la multitud. El retrato social de los bajos fondos es tal que la escena del arranque del filme, con una pelea entre bandas por repartirse el control de robos de motocicletas, es parejo al de una reunión de sindicalistas con prostíbulo al fondo, o una comisaria de policía en la que la ausencia de la ética es preclara. Todos esos espacios, entidades y asociaciones se confunden en una sola. La China que retrata Diao Yinan es un nido insondable y pleno de despreciables con intereses que oscilan como la aguja de una brújula.

Pero Diao Yinan también se otorga la capacidad de crear homenajes espléndidos en su tozuda y maravillosa propuesta, como en las secuencias del zoológico, al más puro estilo Jacques Tourneur de La mujer pantera, la escena en la sala de espejos de la feria, muy deudora de La dama de Shangai (The Lady from Shanghai. Orson Welles, 1947) o en ese tiroteo glorioso en un patio de luces eterno e insondable que tanto rezuma a los actions films del vitamínico Tony Scott. La fotografía del filme es paradigmática en su persistente concepción "expresionista" pero también en su exposición naturalista contemplativa, reveladora y bella, como el tratamiento delicado de las secuencias que se suceden en el lago que da nombre al filme, donde se nos muestra una comunidad de prostitutas a la que pertenece la chica de trágica expresión que acompaña al antihéroe. Una suerte de familia de ninfas que se adentran en las aguas para masturbar a los bañistas mientras ocultan su oficio bajo el perímetro de unas pamelas que se dirían extraños nenúfares.

Para el recuerdo, la huida de nuestro antihéroe calzándose una vieja camiseta de la selección argentina con el nombre del futbolista Batistuta y una descomunal escena con un paraguas, que según dicen, provocó que Quentin Tarantino se levantase de la butaca durante la proyección para celebrar el puro cine que destila El lago del ganso salvaje. Una película enorme que lleva a un punto de no retorno algunos estilemas del género negro, un revisionismo grato que nos traslada a cierta deriva gloriosa de directores de cine Telegu como Sriram Raghavan (Johnny Gaddaar, 2007) o Shiva Ganesh (Aa Drushya, 2019). No la dejen pasar, prioricen esta propuesta.


Artículo publicado el 25 de enero de 2020

Más críticas