boto

críticas

FICHA TÈCNICA

Bliss

Bliss

director:

Joe Begos

año:

2019

nacionalidad:

Estados Unidos

productores:

Channel 83 Films

estreno en España:

31 de enero de 2020

120 minutos

Ansiedad creativa

Al joven realizador Joe Begos (Almost Human, The Mind's Eye) nadie le puede discutir su actitud, desenfado y una idea preclara del fantástico. Con Bliss su apuesta se redobla creando un hipnótico relato en clave femenina sobre la liberación de la bestia interior que nos hace pensar subliminalmente en The Addiction (1995) de Abel Ferrara, aunque sus texturas globales parecen claramente inspiradas en el habitual tratamiento de la fotografía de Gaspar Noé (Enter the Void, Climax), realizador dichosamente iconoclasta que lleva generalmente al límite al espectador con sus juegos de neones cegadores y efectos estroboscópicos no aptos para epilépticos. En Bliss, Dezzy (Dora Madison), es una artista cargada de deudas que se propone luchar contra su bloqueo pictórico experimentando con drogas, sexo y alcohol hasta las últimas consecuencias.

Lluís Rueda | A través de su persistente vida disociada y la implicación en varios asesinatos, Begos nos muestra un Los Ángeles pesadillesco y muy lynchiano, poblado de perdedores y extrañas criaturas nocturnas. El estilo de Begos combina impostura lisérgica, cuero, metal y diálogos brillantes, cosa que en cierto modo nos sitúa en un lugar de confort, no tan subversivo como este aprendiz de enfant terrible presume. De hecho, el ocaso de Dezzy en su lucha por la perfección artística vía destrucción física puede resultar un tanto conservadora. Según se mire, porque también en esos pasajes se concentra lo mejor de este filme fallido, aunque estimable.

Desde luego Begos no es ni de lejos Panos Cosmatos y sus referencias al cine desenfadado de los ochenta no acaban nunca de hallar una continuidad estética, ni una atmósfera seductora. Lo peor de Bliss es sin duda su ejercicio autodestructivo consciente, su mutación torticera de sugerente filme licantrópico o vampírico (podrían servir ambas cosas) a redomado pastiche gore con coartada diabólica. Sin embargo, la suma de ideas mal hilvanadas son paradójicamente efectistas, acaso como el cuadro mediante el cual se libera Lizz para convertirse en una criatura de las tinieblas: una portada metalera de escaso alcance artístico pero con gancho. En resumen, la propuesta es desaliñada, de abrupto recorrido y un intento por aunar a David Cronenberg con Abel Ferrara, y a este con Panos Cosmatos o Rob Zombi, sin perder de vista el cine comercial de vampiros de los años 80. Película de un visionado que cubre mínimos, es fresca a ratos, asume sus carencias y porfía su perdurabilidad a una traca final que busca el aplauso fácil. Eso sí, nos deja algunos planos bellos e inquietantes, como el de la Lizz-bestia conduciendo con sus gafas de sol y el rostro cubierto de sangre ajena en que nos recuerda, y mucho, al Severen (Bill Paxton) de Los viajeros de la noche (Near Dark, 1987) de Kathryn Bigelow. Película entretenida que no debería mirarse en Martin (1978) de George A. Romero o en Trouble Every Day (2001) de Claire Denis. Esperemos que el prometedor Joe Begos encuentre su estilo propio, su descaro lo merece.


Artículo publicado el 1 de febrero de 2020

Más críticas