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FICHA TÈCNICA

Nuevo orden

director:

Michel Franco

año:

2020

nacionalidad:

México-francia

productores:

estreno en España:

19 de febrero de 2021

80 minutos

El verdugo como condición humana y el sistema como herramienta

Que México es un territorio cinematográfico en alza gracias una nueva generación de realizadores como Amat Escalante (La región salvaje) / Carlos Reygadas (Post Tenebras Lux, Revolución, Nuestro tiempo) o Michel Franco (Las hijas de abril) es a estas alturas algo sabido. Directores que combinan autoría, independencia y carácter, sin olvidar el siempre difícil equilibrio entre lo autóctono y la proyección internacional. El legado fantástico del país centroamericano no pasa desapercibido entre estos realizadores-analistas: el retrato de un mundo quebradizo que enjaulan y someten tras la cámara tiene a través de sus películas un pie en ese legado fantaterrorífico. Son pues autores que se obcecan en retratar las miserias humanas, el ocaso de nuestro tiempo y la fragilidad de los valores conjugando un marco intergenérico.

Lluís Rueda | Estamos ante un cine del desencanto y la ausencia de luz que sin embargo sabe mutarse con ironía en retratos generacionales abocados al absurdo, a lo surreal y, en muchas ocasiones, a la salvaje leyenda del territorio mexicano. La violencia y el surrealismo van de la mano con esta generación de cineastas, tal y como la entenderían Buñuel o incluso el Jodorowsky más simbolista de Santa sangre (1989). Y bien, en ese muestrario de curiosidades fílmicas en el que, para mi gusto sobresale especialmente Amat Escalante, el director de Guanajuato nacido ocasionalmente en Barcelona, Michel Franco empuja con fuerza construyendo un discurso agitador, agitado y “ruidoso”.

Una fastuosa boda de alto linaje se convierte inesperadamente en una lucha entre clases que deriva en un violento golpe de estado. Visto a través de los ojos de una joven promesa y de los sirvientes que trabajan para su acomodada familia, Nuevo orden sigue las huellas del derrumbe de un sistema político y social. Lo mejor es la primera parte, los fastos de la boda, muy al estilo del Buñuel de El discreto encanto de la burguesía (1972) y con elementos de crítica a la manera de Viridiana (1961). La película rápidamente se sitúa en una tesitura muy violenta y deja de lado todo sentido del humor o elemento surrealista para confeccionar la crónica de una distopía que, por severa dureza, puede recordar a Ensayo sobre la ceguera la obra de José Saramago que llevó al cine en 2008 con un espíritu irregular Fernando Meirelles. Nuevo Orden es radical, incómoda, pero deviene tan falta de sátira que, en ocasiones, se revela como un producto poco estimulante para aquellos que entienden la crítica en la ficción como herramienta de reflexión. En este caso, la lección moral nos acerca al fascismo sin esperanza y, para mí, lo peor es que en ese camino sacrifica y destruye las inocentes clases bajas de manera impune y bajo la coartada de construir un fábula oscura, en cierto modo gratuita y ventajista. Algunas conclusiones de su golpe final, que no revelaremos, hacen el juego al poder y al terror. Ninguna brizna de esperanza y ningún tipo de justificación moral en la relación entre verdugos y víctimas. Creo que hay cierto esnobismo liberal, quizá no premeditado, en este filme que le resta matices y lo convierte en un espectáculo sórdido y, en cierta manera, gratuito.

Evidentemente no pido que Nuevo orden concrete sus intenciones con una mecánica de thriller magistral, a la manera de La muerte y la doncella (Death and the Maiden. Roman Polanski, 1994), pero sí entiendo que hay un exceso de efectismo y trazo grueso, aunque en un primer visionado nos subyugue su encomiable visceralidad. En esa tesitura autoral, cabe decir, que Michel Franco también se aleja de Michael Haneke y su cine oscuro pero maravillosamente cifrado.


Compro la excelencia de sus brillantes primeros treinta minutos, aquellos en los que todo el conjunto luce con solvente sentido crítico y gran capacidad cinematográfica a partir del montaje, los encuadres y la dirección de actores. Lo asumo, veo mucho más equilibrio y intención en la mirada de los citados Escalante y Reygadas, radicales en sus planteamientos y contenidos, pero más lúcidos en su manera de denunciar o subrayar el ocaso de una sociedad y del género humano. Hay quien también ha denominado a Nuevo Orden, la nueva Parásitos (Gisaengchung. Bong Joon-ho, 2019) pero si Parásitos comparte el sustrato distópico con la película mexicana, los acercamientos son bien distintos; en Nuevo Orden hay una obsesión por retratar un intento de revolución fallido de manera coral y ambiciosa, rehuyendo todo sesgo existencialista y negando a su discurso una reflexión más rica y metafórica, que aquí se queda en una única capa, en un nivel superficial que busca el cuerpo a cuerpo con el espectador. En resumen, Nuevo orden molesta y va a degüello, pero su carga de fondo es tan endeble que no perdura en nuestra memoria. Es el filme de Michel Franco un dispositivo tan efímero como una captura violenta y real, aunque falta de contexto, en la red de nuestro celular.


Artículo publicado el 19 de febrero de 2021

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