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publicado el 9 de noviembre de 2012

Los zombies nacieron como seres repulsivos más cercanos a la serie B, la critica social y el cine amateur que al glamour de Hollywood y sus superproducciones. Baratos y con una fuerte carga simbólica, permiten explorar como la descomposición total de una sociedad afecta las relaciones humanas y ponen en duda el concepto mismo de humanidad. Una de las obras más ambiciosas en este sentido fue escrita por el estadounidense Max Brooks y se llama Guerra Mundial Z. El libro es un relato sobre un enfrentamiento mundial contra los zombies, desde el llamado paciente O hasta el control de la “epidemia” pasando por la muerte de buena parte de la humanidad, que toma la forma de una serie de entrevistas con diferentes supervivientes. De este modo, conjuga una tragedia global con la visión reducida e intimista que han tenido de ella sus protagonistas. El resultado es un negrísimo y desencantado retablo sobre la supervivencia y una crítica feroz a la clase política.

Naturalmente, la historia se está adaptando al cine y todo indica que será algo muy distinto. Para empezar, esta adaptación del bestseller de Max Brooks lleva gastados nada menos que 170 millones de dólares, bastantes más de los que se presupuestaron en un principio, y espera conseguir una taquilla digna de un blockbuster internacional. La película la produce Plan B Entertainment, propiedad de Bratt Pitt, que también interpreta al protagonista, junto a Paramount Pictures, que ya ha adelantado parte del dinero de la distribución. Se ha rodado en escenarios naturales de todo el mundo, desde Hungría hasta Escocia o Malta.

Para hacerse con los derechos, Plan B Entertainment tuvo que luchar precisamente con la productora de Leonardo di Caprio, que también quería los derechos del libro. Finalmente ganó Pitt, que puso el libro en manos de J. Michael Straczynski (Babylon 5) como guionista y Marc Foster (Quantum of Solace) como director. Ambos hablaron de un filme con un tono similar a Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), un thriller político sobre el escándalo del Watergate con momentos de acción similares a la saga de Jason Bourne y un estilo visual cercano a Los hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006). Max Brooks se mostró de acuerdo con el tono, aunque reconoció que no tenía “ningún control” sobre la película.

Si han visto el trailer verán que este guion fue sustancialmente modificado. Pronto se prescindió del formato que estructuraba la historia original. El protagonista no será un enviado de la ONU con la misión de entrevistar a los supervivientes sino un agente especial destinado a distintas partes del globo para ayudar en diferentes misiones de la guerra. La película, que iba a empezar a rodarse en 2009, se fue atrasando y finalmente su director reconoció que Matthew Michael Carnahan estaba reescribiendo el guion. El resultado tampoco gustó a los productores que encargaron un nuevo final (de hecho un nuevo tercer acto) al guionista Damon Lindelof, que renunció a su papel en favor de su compañero guionista en Lost: Drew Goddard, el flamante director de The Cabin in the Woods. El resultado se verá el próximo 21 de junio de 2013.


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