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publicado el 7 de febrero de 2013

¿Puede un videojuego de horror acercarse a las emociones que experimentamos ante una película? La frontera entre ambos géneros es cada vez más difusa atendiendo a la evolución de los videojuegos de survival horror que se han desarrollado en los últimos años y la evolución del propio cine de terror. Si los primeros buscan el realismo más descarnado, las películas de género apuestan por dar más participación al público o bien adoptar formas cercanas a las empleadas en redes sociales o a la grabaciones domésticas, quizá porque el terror es cada vez una emoción más difícil de conseguir por los cauces habituales y hay que hacer participar al espectador de la historia para hacerle sentir miedo. Los ejemplos de esto último son muchos, empezando por la saga REC (Paco Plaza, Jaume Balagueró), Monstruoso (2008, Matt Reeves) y terminando por el último trabajo, aún no terminado, de Nacho Vigalondo, Open Windows, que simulará que el cine es una pantalla de ordenador.

La introducción viene al caso de la aparición en el mercado de Dead Space 3, el videojuego de survival horror en tercera persona desarrollado por EA Redwood Shores y distribuido por Electronic Arts. El juego de terror espacial pone el acento en el realismo, tanto en la manera de derrotar a los enemigos “desmembramientos más realistas”, como en la posibilidad de experimentar un estado de gravedad cero, un sueño de muchos aficionados a la ciencia ficción que, además, abre muchas posibilidades a la acción desarrollada por los personajes. Utiliza, además, recursos cercanos a la narrativa cinematográfica, ya que promete hacer saber al jugador “la terrorífica verdad” gracias a los diarios de la tripulación, recurso narrativo, empleado infinidad de veces en el cine, que se ajusta muy bien a la estructura de un videojuego. No es la única semejanza entre cine y videojuego, Dead Space sobresale precisamente por su atmósfera y por su cuidada banda sonora, compuesta por Jason Graves, que le hizo ganar un premio de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión en el año 2009.

Dead Space, que apareció por primero vez en el mercado en 2008, narra las aventuras espaciales de un grupo de ingenieros de una nave minera, comandados por Isaac Clarke, enfrentados a extraños alienígenas. La historia, llena de conspiraciones y secretos, recuerda vagamente a películas como Alien, el octavo pasajero (1979, Ridely Scott) o Horizonte final (1997, Paul W.S. Anderson), ya que los protagonistas se enfrentan a los secretos de una nave abandonada y a su terrible pasado en las profundidades del espacio. La nueva entrega, además, funciona como una trilogía cinematográfica y nos lleva al planeta de origen de la plaga necromorfa (el mal que devastó la nave en el primer Dead Space) donde los protagonistas (es decir, los jugadores) deberan enfrentarse a las inclemencias del tiempo y a monstruos más evolucionados con la ayuda de sus habilidades y su inteligencia.

Volviendo al principio del artículo, no puede decirse que, por ahora, los videojuegos se acerquen a las emociones que experimentamos ante una película, en parte por culpa de un desarrollo demasiado pautado, pero cada vez se acercan más y el futuro promete una simbiosis inquietante entre cine y juego, entre protagonista y jugador que promete alumbrar un nuevo género.


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