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publicado el 5 de febrero de 2013

Escape from tomorrow es una de las películas más extrañas y sugestivas que han pasado por el Festival de Sundance de este año. Se trata del debut en la dirección de Randy Moore y quizá su último película, dadas las extrañas circunstancias, alegales por no decir ilegales, que la rodean. Escape from tomorrow es un filme de fantasía entre gótico y surrealista que ha sido rodado de forma clandestina en Disneylandia. El filme sigue las extrañas aventuras de una familia durante un día en el principal parque temático del mundo. Los que la han visto la han descrito como un carnaval del horror y una pesadilla kafkiana.

Indiewire va aún más lejos y califica la película de crítica surrealista a la sociedad Disney que “Disney nunca dejará que veas”. Concebida como una crítica al mundo Disney hecha desde su interior, Moore concibe el parque temático como un espectáculo grotesco del horror capaz de volvernos locos, y de paso destruir a la familia que esperaba pasar un día “familiar” en el parque.

Según explica el director en una entrevista, la película gira entorno al concepto de escape, que la sociedad americana ha transformado en una peregrinación anual a una meca consumista donde creen poder convertirse en principes y princesas, pero estos reinos efímeros existen sólo para las empresas que los crean y viven de ellos.

La reacción de Disney

La película fue rodada en el más absoluto secretismo, por lo que pasó desapercibida incluso para Disney, que ya ha amenazado con demandarla. Según cuentan en L.A. Times, el director pidió a su equipo que no comentara a nadie el contenido de la película ni los detalles del rodaje e incluso fue a montarla a Corea del Sur para evitar filtraciones. No obstante, después de su estreno en Sundance, Disney ha decidido poner cartas en el asunto y demandar a la película, aunque precisamente, Escape from tomorrow basa su potente masa crítica en el hecho de que es un filme que no tiene derecho a existir y en que, por cauces legales, no hubiera existido nunca. Cine de guerrilla que esperemos llegue al Festival de Sitges antes de que prohiban su distribución, lo que no está tan claro porque la ley estadounidense de propiedad intelectual permite usar marcas registradas sin permiso si se hace de ellas una parodia.

Es un caso parecido a la serie de fotografias artísticas Food Chain Barbie, de Thomas Forsythe, en las quales el fotógrafo empleó un icono estadounidense, la muñeca Barbie, para criticar la cosificación del cuerpo femenino. Mattel interpuso una demanda por violación de los derechos de autor y marca registrada, que el tribunal desestimó a favor de la libertad de expresión.


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