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publicado el 1 de abril de 2004

El coleccionista de vidas

Juan Carlos Matilla | En el número de Judex de la primera quincena del mes de marzo, dedicamos la sección Film malade al estudio de tres filmes adscritos a la corriente genérica del policíaco heredera de Seven y El silencio de los corderos, lo que denominamos thriller escabroso. Aquel artículo insistía en el desprestigio crítico que sufrieron muchos de estos filmes ya que siempre eran atacados por su falta de originalidad y su condición de productos exploit. La originalidad es un concepto crítico que yo personalmente rechazo ya que un filme puede ser tremendamente sugestivo a pesar de no poseer el don de la singularidad. Los tres filmes reseñados en el artículo mencionado (Jennifer 8, Copycat y El coleccionista de amantes) no eran en absoluto obras maestras sino películas irregulares pero que tenían un indudable atractivo ya que, a pesar de su servidumbre a los patrones narrativos de los dos filmes que inauguraron el subgénero, poseían una mirada bastante personal y una sugestiva y sombría visión del crimen y la locura. Nada de esto, me temo, podremos encontrar en el flojo thriller Vidas ajenas (Taking Lives, 2004) del realizador estadounidense D. J. Caruso.

Partiendo de una premisa argumental harto atractiva (que recuerda en parte al brillante libro de Carlo Lucarelli, Almost Blue), Vidas ajenas tiene un inicio francamente interesante: un prólogo, inquietante y espléndidamente planificado, que nos desvela el despertar del monstruo, el primer crimen cometido por el psicópata protagonista del filme cuando aún era un adolescente. Sin duda, el diseño de la personalidad del criminal es lo más seductor del relato. La mente enferma del asesino rechaza su propia identidad y su pasado. El psicópata es un ser codicioso que anhela vivir la vida de los demás ya que sólo siente asco por la suya propia, por esa razón decide llevar a cabo sus crímenes, para sustituir la personalidad de los fallecidos. Además de este acertado enfoque del personaje del psicópata, el filme posee una sobria y poco efectista puesta en escena (lo que otorga a la película una pátina de elegancia y consistencia formal muy poco habitual en el género) pero por desgracia, el filme desaprovecha todos estos atractivos por culpa de un guión demencial, lleno de giros argumentales estúpidos y tópicos, y personajes mal desarrollados. Además, el grandguignolesco final merecería entrar en la historia del cine como uno de los más ridículos clímax jamás filmados en un thriller. Decepcionante, previsible y aburrida, Vidas ajenas sólo es recomendable para los fans de Angelina Jolie, quien, por cierto, es de lo más digno de la función. Para el resto de espectadores, mi consejo sería que recuperarán en formato doméstico algunos de los filmes citados en esta reseña en lugar de perder el tiempo con este inconsistente thriller.


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