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Sitges 2021 bestial

publicado el 22 de octubre de 2021

Crónica Sitges 2021: Futuros cercanos


Silent Night

Después de 11 días de festival, es curioso que perduren los filmes pequeños y sin grandes presupuestos. Todos comparten una visión pesimista sobre el futuro cercano y la relación algo complicada entre la humanidad y el mundo, quitando algunas excepciones, prima la puesta en escena depurada y realista, algo nostálgica, aunque con alguna fuga surrealista (los caballos desbocados en la nieve de "Lamb"), onírica (la niebla mortal de "Silent Night") o incluso grandiosa (los paisajes de "Luzifer"). Pone el contrapunto la fotografía detallista, noir y barroca de "Limbo", una decisión de estilo que hace más soportable un Hong Kong literalmente hundido en basura. En este artículo vamos a esbozar visiones distintas del presente y el futuro post pandemia vistas en Sitges de la mano de algunas de las películas que se han proyectado, no siempre las más buenas, pero sí las más importantes.

Marta Torres | Empezamos por la película ganadora de esta edición del festival. Lamb es el primer largometraje de Valdimar Jóhannsson, muy bien arropado por un guionista que es además un escritor famoso en Islandia: Sjón y por Noomi Rapace como actriz protagonista y productora ejecutiva. Se trata de una historia clásica: un melodrama rural en forma y estilo pero con un pie en la tragedia a lo Centauros del desierto y otro en el cuento de hadas. Es un filme pausado, filmado sin estridencias y que saca partido a la belleza del paisaje de una granja perdida en Islandia. En este contexto casi de colonos en el medio Oeste americano, el elemento fantástico del filme aparece de forma casi natural y así se presenta: no hay efectos de iluminación ni subrayados de ningún tipo. Solo un inteligente fuera de campo que desvela de golpe lo extraño en un entorno hogareño y normal. Todo el filme gira en torno a este fuera de campo que de pronto desvela lo imposible, como si fuera un punto ciego en nuestra retina. Algo que está ahí, mirándonos fijamente y no queremos aceptar. A su manera, es un filme bello con un personaje casi feérico que entronca con las historias de seres mitológicos, hadas y duendes que entran en contacto con seres humanos que viven en el límite de la civilización. Hay también un pecado original, un acto malvado y una venganza inevitable en torno a una pérdida.

En esta misma línea de tragedia y de venganza se sitúa The Feast, de Lee Haven Jones, un filme que también se ubica en una zona limítrofe entre la naturaleza y el ser humano, en este caso en una zona rural de Gales. Como Lamb, este humilde producto galés emplea una lengua minoritaria que juega en favor de la extrañeza de lo narrado: una suerte de Yorgos Lanthimos que confronta el progreso y todos sus ismos con el saber tradicional y las deidades naturales. The Feast sigue con la fotografía naturalista para enmarcar lo extraño y lo peligroso de una forma morosa, con un final algo precipitado que rompe con un conjunto que lo basa todo a lo extravagante.

Posesiones y exorcismos

El festival de este año sigue dibujando las líneas maestras del fantástico post pandemia con Luzifer, un filme extraordinario de Peter Brunner producido por Ulric Seidl. La película se fija en la historia de una madre y un hijo (ella, exalcohólica, él con problemas de diversidad funcional) que viven en la montaña austriaca al margen de la civilización y más cerca de Dios, hasta que un día son acosados por un grupo inmobiliario que pretende construir allí una estación de esquí. El filme muestra su espiritualidad a través del mantra y la repetición, la desposesión y su relación radical con el medio natural, un poco como nos acercaríamos a la vida de unos ermitaños budistas. El mal, sin embargo, el Luzifer del título, ni siquiera tiene rostro. La siniestra corporación se muestra a través de drones que sobrevuelan la montaña, material que aparece de forma fantasmal en los prados o violentos matones; y, como en un filme de posesiones demoníacas, van tomando el control de los que quieren escapar de sus dinámicas de depredación. La película es potente y hasta telúrica, quizá la mejor filmada de la sección oficial, y cuenta con dos interpretaciones muy poderosas: Susanne Jensen (la madre) y Franz Rogowski (el hijo).

Si Luzifer nos explica el presente —y el futuro— como una lucha entre la lógica económica y la naturaleza con las herramientas de un filme de exorcismos sui generis, la tailandesa The Medium intenta acercarse a la posesión desde una perspectiva falsamente antropológica para prestar veracidad a lo que acabará siendo un Paranormal activity o incluso un REC al uso. The Medium se proyectó en Sitges en medio de una gran expectación y con las entradas agotadas. La película está dirigida por Banjong Pisanthanakun, el que fue director de Shutter (2004) y Pee Mak (2012), y está filmada como un falso documental. La película empieza bajo una premisa interesante, explicando el caso de una chamán de una diosa del bosque, para luego jugar al despiste y explicar un caso de posesión más convencional. No obstante, posee algunas imágenes potentes y elementos curiosos, como la relación entre sexualidad, menstruación y malignidad, la fábrica abandonada donde moran los espíritus, la forma de contar la realidad cotidiana de la víctima (su trabajo, la familia, su forma de divertirse…) y algunos detalles antropológicos que alejan estas ceremonias de la típica imaginería católica. Tampoco le tiembla el pulso al mostrar elementos escatológicos, violentos o desagradables, lo que aporta al conjunto un aire a grand guignol más cercano a la catarsis que al horror.

Otro filme que juega con la acumulación perversa de símbolos e iconos del género es The Execution. La producción rusa dirigida por Lado Kvataniya es una amalgama barroca de los tropos y tópicos del psicothriller que, a la vez, sirve para explicar las miserias del régimen soviético, empeñado en negar la existencia de psicópatas como un defecto puramente occidental. El filme se acerca al fenómeno como si se tratara de una infección maligna (en cierto modo, otra posesión) capaz de infectar todo lo que toca: desde instituciones políticas o psiquiátricas hasta al equipo de detectives que investiga el caso. La película acumula imágenes, símbolos y texturas (Seven, El silencio de los corderos, Zodiac…) y lo hace en una doble línea temporal que se cierra a su vez como una trampa. Puede considerarse que el filme es meramente acumulativo o incluso exagerado pero es innegable que funciona como un receptáculo de la perversidad, tanto del asesino como del sistema que no solo ha sido incapaz de apresarle, sino que ha multiplicado su mala influencia.

Miseria en blanco y negro


Limbo

Si The Execution fía su propuesta artística a poner de relieve la miseria humana y social a través de texturas sucias y el amontonamiento de imágenes, Limbo hace lo mismo sirviéndose de justo lo contrario. La película de Soi Cheang emplea una fotografía en blanco y negro, depurada y perfecta, para poner en pantalla los bajos fondos de Hong Kong. Como en The Execution, hay un asesino en serie con aficiones morbosas y sus víctimas son mujeres prostitutas, pequeñas delinquentes o drogadictas. También hay una pareja de policias, uno de ellos con un trauma y mucho rencor, y una ciudad que se asienta sobre toneladas de desperdicios que serían muy difíciles de soportar en pantalla sino fuera porque el director ha escogido presentarnos la historia bajo una marca de estilo: la del cine noir de la mano de un colaborador del director Johnnie To, el director de fotografía Cheng Siu Keung. El filme, cuyo título alude al limbo donde esperan las almas sin rumbo, tiene la vocación de retornar el cine hongkonés a las glorias pasadas, por lo que la película tiene una clara vocación internacional. La película tiene nervio, ferocidad y la extraña melancolía de las ciudades en decadencia.

El fin del mundo, la próxima Navidad

Silent Night es el primer largometraje de Camille Griffin y fue una agradable sorpresa en la sección oficial. Es un filme pequeño, rodado con pocos recursos y en un solo escenario. Cuenta, eso sí, con actores muy conocidos como Keira Knightley o Matthew Goode. La película puede leerse como el reverso del filme coral de catástrofes: un grupo de amigos se reúnen con sus parejas e hijos en una casa rural para celebrar la Nochebuena. Este aparente momento feliz —subrayado por el uso de canciones navideñas en el score— se ve curiosamente fuera de contexto: hay grietas, diálogos extraños y una amenaza próxima que los presentes evitan hablando de frivolidades. Al fin y al cabo, son un grupo de burgueses atrapados en una película de Buñuel (El ángel exterminador) o en un filme de Lars von Trier (Melancolía) tratando de aceptar el fin del mundo. La película se estrenará en nuestro país el 21 de diciembre, así de cercano es el futuro.


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