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publicado el 4 de junio de 2026

Grayskull o el paraíso perdido

Lluís Rueda |

Que esta reciente adaptación cinematográfica dirigida por Travis Knight de Los Masters del Universo y de la línea de juguetes Mattel nos apetecía de veras a toda una generación obsesionada con Skeletor y el castillo de Grayskull, ya va en la premisa. Quizás, porque muchos de nosotros hemos hilvanado guiones más o menos operativos en ese espacio liminal de la juguetería, tan Métal Hurtlant y felizmente camp, que nos concierne. Y es que en esta nueva versión cinematográfica impera ese espíritu imprevisible, algo disparatado y sin reglas como primer acierto. Desplegar el universo de Eternia y sus antagonistas no es baladí y el primer elemento que cabe destacar es el autoparódico, meticulosamente hilvanado por los guionistas Aaron Nee, Adam Nee, Alex Litvak y Michael Finch.

En He-Man y los Masters del universo (2026) se dan varias paradojas y laberínticas decisiones. La primera es llevar al límite de la narrativa especulativa y casi multiversística la historia de un perdedor aprendiz de héroe, un príncipe desplazado al universo de los humanos como oficinista. Lo segundo es que no se da un aprendizaje del héroe, más bien una implantación sísmica del rubio Adam al corazón de una suerte de videojuego demencial, atestado de personajes grotescos, espadas y báculos poderosos, naves voladoras, persecuciones aéreas a lo Mad Max, batallas demenciales, luchas cartografiadas a la hongkonesa y mazmorras que pese al generoso y magnífico diseño de producción siempre parecen de cartón piedra. Pero eso es gozoso, en tanto la propuesta nivela al espectador en el ensueño de su propia (personal) proyección de las figuras de Mattel; en el filme, la frustración de no acertar con la perfectísima historia para con los huérfanos y chulísimos muñecos de acción (algo que pudo pasarnos en la niñez) deviene éxtasis especulativo constante.

Cabe decir que su suntuoso diseño estético una auténtica gozada, tanto nos remite a una versión estilizada del Flash Gordon (1980) de Mike Hodges, como nos sugiere aquella pieza denostada, pero tan atractiva y pulpera como es Una princesa de Marte (Mark Atkins, 2009), basada en la novela de Edgar Rice Burroughs. Puede que incluso en su descaro se mire sin reservas en productos como Guardianes de la Galaxia (2014), la aventura estelar paródica de James Gunn. Hay mucho en el filme de estos alocados ensueños cinematográficos de héroes atolondrados, animales imposibles y parlantes, robots con encanto retro y gladiadores de un futuro ítalo-disco. Hasta ahí, su “músculo” visual luce espectacular y hipnótico. En la balanza de lo que, a priori, no funciona, debemos citar lo inadecuado de los scores musicales en ciertos momentos de la acción, o entran tarde, o son discordantes o simplemente no proceden; pero no siempre ocurre así, debemos reconocer que el momento Queen con su pepinazo Princes of the Universe nos reconforta de nuevo, nos hace olvidar los desajustes, nos empuja a jugar y jugar más. Por otro lado, puede que algunos chistes del primer tramo del filme no respiren demasiado bien, entren a destiempo o simplemente no hagan toda la gracia que deberían; pero incluso ahí seguimos jugando, y en el último tramo del filme la cosa se afina por arte de magia, y la parodia sobresale con algunos gags memorables... Y luchas, y el bien contra el mal sin matices ni especulaciones, y secundarios deliciosos como el que interpreta Idris Elba (qué encantador y carismático Man-At-Arms compone). Y claro, todo nos aboca a Grayskull, a un poderoso tour de force dentro del mítico castillo-calavera que nos hará sonreir y mediante un magnífico final que recose todo bien, damos el juego casi por finiquitado, feliz y orgullosamente rematado. ¿Qué más se puede pedir a una película de fantasía pensada para adultos? Porque dudo que algún niño actual pueda con semejante brebaje.

Un último detalle, acerca de Los Masters del Universo (1987), de Gary Goddard; lo mejor que podemos decir es que el filme de Travis Knight nos la hace olvidar por completo, casi por completo... Pues el guiño incorporado estaba cantado. Ahondando en otras versiones clásicas es evidente que Travis Knight ha fijado la atención en las series animadas para crear un destilado estimulante y fresco. En definitiva, no duden en darse al festín, desprecinten la colorida caja y participen del juego. Lo van a pasar en grande. ¡Por el poder de Grayskull... yo tengo (tú tienes) el poder!


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