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publicado el 22 de mayo de 2005

Juan Carlos Matilla | Un año después de su estreno en Italia, este mes nos ha llegado por fin en formato doméstico el giallo El jugador (Il Cartaio, 2004), filme que supone un nuevo regreso al género que dio fama internacional al director italiano Dario Argento, uno de los cineastas más importantes del cine fantástico europeo y también uno de los más discutidos. Ensalzado y despreciado a partes iguales, su cine es un eterno tema de debate entre la cinefilia amiga de los géneros populares y la extraña evolución que ha sufrido su filmografía en los últimos años (del barroquismo visual a la molesta autocomplacencia) ha contribuido aún más a la radicalización de la querella en torno a su figura.

Centrado en la tortuosa peripecia de una investigadora, Anna (interpretada por Stefania Rocca), que debe enfrentarse a un asesino que mata a sus víctimas mediante un siniestro juego de cartas por Internet, El jugador presenta por fortuna una premisa argumental interesante y un adecuado perfil psicológico de los principales personajes (verdadero talón de Aquiles de sus anteriores filmes). Sin caer en el abuso de recursos hightech ni en los galimatías técnicos, la trama avanza con corrección aunque sin excesiva brillantez y, eso sí, con una molesta tendencia a imitar los parámetros narrativos del thriller escabroso estadounidense (estructura de encuesta, abuso del aftermath y fotografía urbana y contrastada). Por desgracia, a pesar de su competencia a nivel argumental, el filme naufraga estrepitosamente en el desarrollo de su poética visual.

Si el anterior filme de Argento, el irregular aunque no exento de atractivo Insomnio (Non ho sonno, 2001), el director romano realizaba una anacrónica y elegíaca labor de síntesis de las mejores (y peores, todo hay que decirlo) constantes de su cine, en El jugador parece que ha querido llevar a cabo todo lo contrario: zafarse de manera consciente de sus motivos más reconocibles y filmar un thriller alejado de su estilo manierístico habitual. Por desgracia, el posible atractivo de tal loable motivación se ha desvanecido por completo ya que su último filme es, sin duda, una de las peores películas del creador de Suspiria y, lo que es peor, uno de los filmes policíacos más convencionales y rutinarios que este redactor haya podido ver en años.

En El jugador no encontramos ninguno de los leit motivs más habituales y agradables del cine de Argento: ni su célebre delectación visual ante lo siniestro, ni su paroxística puesta en escena, ni sus elaboradas secuencias de acecho de los criminales, ni sus amenazantes exteriores nocturnos, ni sus macabras y coreográficas set pieces llenas de violencia y muerte, etc. Todos estos brillantes detalles narrativos ha dejado paso a una puesta en escena ramplona, propia de un telefilme convencional, repleta de tópicos y con un molesto (e inaudito) abuso del fuera de campo. No hay ni un sólo destello de genio en este triste filme, nada que recuerde a la inimitable forma de filmar del maestro italiano. Quizás, sólo se pueda destacar la secuencia del acecho del asesino a la protagonista en su apartamento (cuya intensidad y oscuridad recuerda a otros momentos del cine argentiano de películas como Cuatro moscas sobre terciopelo gris u Ópera) y algunos bellos planos de una Roma nocturna y deshabitada (prolongación de la Roma siniestra y desierta de El pájaro de las plumas de cristal o Tenebre).

La filmografía de Argento está llena de filmes irregulares (Tenebre, Phenomena) y decididamente malos (Trauma o El fantasma de la ópera) pero en todos ellos siempre había una secuencia, un momento de alto nivel fílmico que justificaba por sí sola la visión de las películas a pesar de su mediocridad. En El jugador no ocurre esto y por primera vez en su carrera, Argento muestra la cara más preocupante que pueda poseer un director de cine de horror: la propia de un cineasta acomodaticio, frío y trivial, adjetivos incompatibles con el cultivo de un género de terror que se pretenda maduro e innovador. En definitiva, un mal augurio para el futuro próximo de Argento.


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